El 9.4% de los mexicanos vive hoy con diabetes.1 En el 2016 el gobierno mexicano declaró emergencia nacional. Pero el problema es incluso peor de lo que creemos. 9.4% es una cifra engañosa. La diabetes, así como otras enfermedades relacionadas con la alimentación (las cardiovasculares), empeoran su prevalencia con la edad. El 30% de los mexicanos entre 60 y 69 años vive con diabetes.2 Los costos en productividad y gastos en salud son altísimos. Y en la medida en que nuestro país envejezca, cada vez habrá más personas con diabetes y menos proporción de jóvenes por cada adulto enfermo. No imagino qué política fiscal en el 2050 podría sostener la situación. 

La diabetes es una enfermedad de la comida. Las comidas que se digieren muy rápido (harina refinada de trigo, el arroz, la papa) suben los niveles de glucosa en la sangre rápidamente. Esto provoca que el cuerpo produzca y libere mucha insulina, que sirve para regular los niveles de glucosa en la sangre. En personas susceptibles, la diabetes aparece después de 20, 30 o 40 años de comer “mal” y producir insulina de más. Una vez que el cuerpo pierde la capacidad para regular su glucosa, niveles altos de glucosa circulan constantemente en la sangre y con el tiempo dañan los ojos, riñones, corazón, nervios. Afortunadamente, la diabetes puede prevenirse. La prediabetes puede revertirse. Y la respuesta está en la comida. Comida variada, nutritiva, de lenta digestión.

En el mundo, se ha perdido la diversidad de comidas; los cereales se han vuelto ubicuos; el entorno alimentario se ha hecho homogéneo.3 En México, el 68.5% del total de calorías consumidas viene de cinco productos.4 Menos del 5% de nuestras calorías viene de legumbres, por ejemplo, del frijol que es de lenta digestión. En los últimos 30 años, el precio de frutas y verduras aumentó mucho más rápido que el precio de productos ultra-procesados.6 Hay más calorías disponibles de las que necesitamos.7  En México comemos más trigo que frijol porque está más disponible, porque ha habido esfuerzos institucionales a lo largo de la historia para abaratar la producción y distribución de trigo y pocos esfuerzos para hacer ubicuo al frijol… o al brócoli, amaranto, nopal.

A partir de la firma del TLC en 1994, la importación de fructosa de EUA a México creció 500%; el consumo de cereales azucarados se multiplicó.8 EUA controla el 98% del mercado mexicano de golosinas importadas. El TLC modificó radicalmente nuestro entorno alimentario.9 Durante las próximas semanas continuarán las negociaciones sobre la ‘modernización’ del TLC. EUA también estará debatiendo en 2018 su política nacional de producción agrícola y alimentación (la farm bill). Esta ley estipulará, entre otras cosas, los montos y mecanismos de subsidio a cultivos de exportación durante los siguientes cinco años. En unos meses sabremos cuántos impuestos de ciudadanos de EUA se usarán para inundar el mercado mexicano de aceite de soya o jarabe de maíz de alta fructosa, que se usa para producir pastelillos baratos.

La relación bilateral es dispareja como la queramos ver. México exporta aguacate, fresa, pimiento. Importa de EUA comida chatarra,10 trigo, residuos de soya.11 EUA pone reglas, pero nosotros no podemos ponerlas. En el año 2000, México perdió una disputa antidumping de fructosa con EUA. En 2014, EUA impuso cuotas a nuestras exportaciones de azúcar, mientras que el mercado de fructosa se mantuvo liberalizado. Este endulzante que se extrae del maíz es barato por los subsidios agrícolas de EUA. Los azucareros mexicanos recientemente solicitaron al gobierno de México una investigación antidumping de la fructosa pero fue rechazada por el equipo negociador mexicano, por temor a represalias de aranceles en el contexto de las renegociaciones del TLC. Quizá no vendría mal diseñar aranceles para la salud. Para resolver el problema de la diabetes, necesitamos transformar nuestro sistema de alimentación.

El equipo negociador del TLC acuerda metas y reglas de importación. Su objetivo es mantener una economía estable, exportaciones, precios accesibles de comida. Esto es muy importante. Pero también se necesitan criterios de negociación que consideren el impacto del TLC a nuestro entorno alimentario. Ignorar las implicaciones en salud de los tratados comerciales puede costarnos demasiado.12 Nuestra epidemia de diabetes es un argumento impostergable para equilibrar la negociación con EUA. Es fundamental medir el éxito del TLC con métricas comerciales (en dólares), pero no debería ser la única métrica de éxito. El país necesita una economía fuerte. Sí. Una economía fuerte necesita una población sana.

En el contexto de mercados liberalizados, además de la relación del gobierno mexicano con el vecino del norte, también está la relación del gobierno con la industria. Tanto en EUA como en México hay un debate sobre los impuestos al refresco, respecto a si la obesidad es una cuestión de responsabilidad individual o no, y sus implicaciones en política pública. Hay un obvio componente de decisión individual, sin embargo las decisiones de consumo se toma dentro de un entorno alimentario.

En México, el impuesto a bebidas azucaradas fue un paso importante para poner al entorno alimentario en el centro de la estrategia nacional de prevención de diabetes. Si bien el impuesto es una “batalla” indispensable de haber ganado, todavía hay duda si será efectiva en prevenir diabetes.13 En mi opinión, el escenario no es tan prometedor. En el estudio “Qué y cómo comemos los mexicanos”14 o en el documento de postura del Instituto Nacional de Salud Pública15 se muestra un retrato completo de los alimentos que consumimos los mexicanos. Comemos pocas verduras, frutas, frijoles; muchos cereales, harinas. Nuestro cuerpo tiene que producir demasiada insulina como respuesta al consumo de refrescos pero también cuando comemos comidas de rápida digestión, harinas, pan blanco, galletas. Me inclino a pensar que la “batalla” contra los refrescos y la comida chatarra no será estrategia suficiente para inclinar la balanza contra la diabetes. Necesitamos re-imaginar nuestro sistema de alimentación. No ponerle parches.

La industria de los alimentos debe ser aliado clave, no el enemigo a vencer. La industria seguirá alimentando a gran parte de la población; es el sector con la capacidad de escalar soluciones de alimentación. El gobierno tiene instrumentos de política pública que podría movilizar para impulsar al campo y a la industria hacia un portafolio de producción, procesamiento, distribución y consumo de comida más sana. El gobierno tiene a su disposición subsidios, compras consolidadas de comida, campañas de información; yo creo que el gobierno debe ser más proactivo en el diseño de su sistema de alimentación. No hay política fiscal en 2050 que consienta lo contrario.

La estrategia nacional 2013-2018 para la prevención y control de la diabetes se enfocó en la regulación de comida chatarra y en fortalecer el sistema de salud. Sin embargo, la prevención desde las doctoras y enfermeros llega 20 o 30 años tarde. La prevención de la diabetes no es un tema de la Secretaría de Salud. Es un tema de los subsidios que hoy distribuye SAGARPA. Es un tema, por ejemplo, de que INADEM utilice sus subsidios para impulsar a los emprendedores involucrados en el procesamiento y distribución de comida saludable. Es un tema de que CONACYT triplique sus fondos dirigidos a la biotecnología e investigación en alimentación. Las escuelas de tiempo completo tienen presupuestos billonarios de comida. Y si le rascamos, hay docenas de presupuestos públicos relacionados con la alimentación. Es un error que la política de fomento a la gastronomía nacional no sea concebida como uno de los instrumentos más efectivos para prevenir la diabetes.

México necesita una política nacional de alimentación que articule programas y sectores, con el objetivo final de mejorar nuestro sistema de comida. Esto significa producir, procesar, distribuir, querer consumir, saber consumir y tener acceso a consumir comida más balanceada, donde comamos una mayor proporción de legumbres, semillas, nueces, verduras. La meta de una política nacional de alimentación debe ser que haya más disponibilidad, acceso y consumo de comida variada, sana, de lenta digestión.

El sistema actual de alimentación está pensado para proveer comida barata, conveniente, rentable. Y eso es útil para la economía, pero hay que encontrar un balance. El sistema de alimentación debe balancear medio ambiente, justicia social, salud, riesgos sanitarios y sí también economía. Por supuesto que no es fácil encontrar ese balance. Por eso la industria alimentaria, exportadores agrícolas, los sectores sociales, el movimiento ambientalista, los productores del campo, los salubristas, así como los funcionarios de Hacienda y de la Secretaría de Economía deben ser parte de la discusión. La epidemia de diabetes y la ‘modernización’ del TLC son una oportunidad para revivir16 el debate hacia una política nacional de alimentación.

En el 2011 se reformó la Constitución para incluir el derecho a la alimentación. Ahora toca materializarlo. En temas de comida, hay intereses y visiones de país que tenemos que poner de acuerdo. La diabetes y la comida pueden servir de plataforma para estructurar la conversación y para sumar a todas las fuerzas. Qué significa éxito en nuestra relación con EUA. ¿Comida barata a costa de lo que sea? Para mí, la modernización del TLC es un tratado comercial con criterios de salud. Éxito significa un TLC que sea parte de un sistema nacional de alimentación para la salud. Éxito será incluir a la industria de los alimentos en el portafolio nacional de soluciones para la salud. Será a través de la comida que encontraremos avenidas para la prevención de la diabetes.

Braulio Torres Beltrán es director investigador en Fundación IDEA y Research Fellow en el Departamento de Planeación y Estudios Urbanos del Massachusetts Institute of Technology (MIT).


1 Población mexicana mayor de 20 años de edad, según estimaciones de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2016.

2 ENSANUT 2016.

3 Khoury, C., Bjorkman, A. et al (2014). Increasing homogeneity in global food supplies and the implications for food security. PNAS.

4 Martínez, I. & Villezca, P. (2005). La alimentación en México: un estudio a partir de la encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares y de las hojas de balance alimenticio de la FAO. CIENCIA UANL.

5 Ver “Introducción”, página 5, figura 1.3., “Porcentaje de contribución por grupos de alimentos básicos y calorías discrecionales” en: Bonvecchio, A., Fernández, A. et al (2015). Guías alimentarias y de actividad física en contexto de sobrepeso y obesidad en la población mexicana. Documento de postura. Academia Nacional de Medicina & Instituto Nacional de Salud Pública.

6 Wiggins, S., Keats, S. et al (2015). The Rising Cost of a Healthy Diet: changing relative prices of foods in high-income and emerging economies. Oversees Development Institute.

7 Khoury, C., Bjorkman, A. et al (2014). Increasing homogeneity in global food supplies and the implications for food security. PNAS. También en: Martínez, I. & Villezca, P. (2005). La alimentación en México: un estudio a partir de la encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares y de las hojas de balance alimenticio de la FAO. CIENCIA UANL.

8 Clark, S., Hawkes, C. et al (2012). Exporting obesity: US farm and trade policy and the transformation of the Mexican consumer food environment. International Journal of Occupational and Environmental Health.

9 ídem

10 ídem

11 SAGARPA. Balanza comercial agroalimentaria: enero-junio 2016.

12 Aquí un artículo de referencia: Friel, S., Hattersley, L., Barquera, S. et al for INFORMAS (2013). Monitoring the impacts of trade agreements on food environments. Obesity reviews.

13 Aquí un par de artículos sobre el impacto del impuesto, ver: Aguilar, A., Gutiérrez, E., Seira, E. (2016). Taxing to reduce obesity (draft). Y ver también: Grogger, J. (2017). Soda taxes and the prices of sodas and other drinks: evidence from Mexico. Amer. J. Agr. Econ.

14 Arvizú, O., Polo, E., Shamah, T. (editoras) (2015). Qué y cómo comemos los mexicanos: consumo de alimentos en la población urbana. Instituto Nacional de Salud Pública & Fundación Mexicana para la Salud/Fondo Nestlé para la Nutrición.

15 Ver “Introducción”, página 5, figura 1.3., “Porcentaje de contribución por grupos de alimentos básicos y calorías discrecionales” en: Bonvecchio, A., Fernández, A. et al (2015). Guías alimentarias y de actividad física en contexto de sobrepeso y obesidad en la población mexicana. Documento de postura. Academia Nacional de Medicina & Instituto Nacional de Salud Pública. 

16 En 2012 se llevó a cabo un foro nacional (FONAN) que convocó a diferentes sectores y que concluyó con un documento de recomendaciones para la Construcción de la Política Alimentaria y Nutricional en México.