La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es quizás el suceso político más importante en la región de Norteamérica. La primera negociación en 1994, tomó lugar en un mundo completamente distinto al que hoy conocemos. México emprendió una labor titánica nacional e internacionalmente para lograr su aprobación. Hoy con miras a la renegociación, Estados Unidos es el actor clave del que dependerá su éxito.

En unas semanas se espera que inicien las rondas de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, uno de los acuerdos comerciales más importantes del siglo XX y un referente en la esfera del comercio internacional. Desde su aprobación en 1994, la idea de que el tratado generaría “un gran sonido succionador en Estados Unidos” expresada por el candidato estadounidense Ross Perot en 1994 continúa siendo un referente para los críticos del tratado.

La carrera por la Casa Blanca regresó a la agenda pública la situación comercial de Estados Unidos y la necesidad de revisar sus acuerdos actuales, en especial con China y México. La llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense convirtió la renegociación del TLCAN en un tema prioritario para los tres países. Recientemente el gobierno estadounidense presentó sus objetivos para la renegociación que iniciará en unas semanas. El éxito o fracaso de la misma depende en su mayor parte de Estados Unidos. ¿Cuáles son los escenarios que podrían retrasar o limitar el éxito de la renegociación del TLCAN?

La línea del tiempo de lo imprevisible

El principal factor de riesgo para la renegociación del TLCAN es la volatilidad y el carácter imprevisible de Donald Trump. El presidente que todos esperaban se “moderaría” con el tiempo no lo ha hecho. Solo basta abrir la cuenta de Twitter del presidente para ser testigos de su volatilidad. En las últimas semanas su cuenta ha sido utilizada para buscar la renuncia del Procurador General, anunciar cambios en el gabinete (acompañados de una opinión personal sobre los mismos) y anunciar nuevas acciones como el veto a las personas transgénero de las fuerzas armadas. Tuits que confirman que es imposible predecir la siguiente acción del presidente.

De sus tuits podemos aprender tres cosas: que el presidente sigue siendo tan volátil como lo fue en la campaña, que no mantiene ninguna lealtad hacia nadie en Washington, y más importante aún, que su base electoral sigue siendo su prioridad. Los últimos meses han demostrado que el presidente cambia de opinión y asesores constantemente, diario actúa con base en una opinión distinta. Esta situación hace imposible que cualquier miembro del gabinete pueda garantizar el éxito de la renegociación.  De la misma forma, los cambios en el gabinete han demostrado que para el presidente no existe ningún secretario indispensable, un cambio de negociadores o secretarios en plena renegociación no debería sorprendernos. Finalmente, en estos meses cuando el presidente se ha frustrado por el poco avance de su agenda gubernamental inmediatamente ha tomado acciones unilaterales con el fin de satisfacer a la opinión pública. La salida del acuerdo de París y el reciente veto en el ejército pueden ser explicadas bajo esta lógica. El TLCAN siempre estará en riesgo de ser utilizado con fines propagandísticos por el residente de la Casa Blanca.

La parálisis legislativa

El partido Republicano llegó al 2017 con el sueño de cualquier partido, una mayoría legislativa y el control del Ejecutivo. Una oportunidad única para avanzar los intereses conservadores y deshacer la agenda de Barack Obama, sin embargo, nada de esto ha sucedido. En estos seis meses los congresistas republicanos no han logrado avanzar la agenda del presidente ni la agenda republicana. Ni Mitch McConnell, el líder de la mayoría en el Senado, ni el mismo presidente, han logrado unir a los congresistas en una agenda común. El fracaso para cancelar y reemplazar Obamacare, una de las propuestas principales de los Republicanos en los últimos 5 años, representó un descalabro que pone en duda la capacidad del Partido Republicano para legislar y gobernar en los siguientes meses. Si bien hasta ahora la mayoría de los congresistas han defendido al TLCAN, la fragmentación y polarización de ambas cámaras legislativas sumado al debilitamiento de los líderes legislativos para organizar y encaminar el apoyo de los congresistas puede ser un obstáculo importante para el TLCAN 2.0.

Los demócratas, ¿aliados incondicionales?

Recientemente, el partido Demócrata presentó su nueva plataforma llamada A Better Deal, una serie de propuestas que buscarán incrementar el sueldo de los trabajadores, reducir los gastos del día a día y proveer a los trabajadores de herramientas para competir en el mercado laboral. El partido está buscando responder a las necesidades del electorado que en la elección pasada le dio el triunfo a Donald Trump. Las regiones donde la tecnología desplazó cientos de trabajos y el crecimiento se estancó serán prioridad para el partido. Con este cambio queda por ver cuál será la posición de los demócratas frente al nuevo TLCAN. Chuck Schumer, el líder de la minoría en el Senado (y el demócrata con mayor rango en su partido) declaró hace unos meses que apoyaría al presidente en la renegociación del TLCAN, queda por ver hasta dónde irá ese apoyo.

Elecciones de 2018

El último factor que puede poner en riesgo al TLCAN 2.0 son las elecciones intermedias en Estados Unidos. En noviembre del 2018 se renovará toda la Cámara de Representantes donde el Partido Demócrata tendrá que ganar 24 asientos adicionales a los que mantiene actualmente para ser una mayoría. En el Senado en esta elección se renovará una tercera parte del cuerpo legislativo, es probable que los republicanos continúen con el control del mismo. Si bien la discusión y aprobación del nuevo tratado podría ocurrir antes de la elección, muchos senadores y congresistas podrían dificultar su aprobación si son presionados por el electorado.

De la misma forma, las elecciones para gobernadores en 39 estados entre los cuales destacan California, Nueva York y Texas son hechos relevantes en el marco de la renegociación. En estos últimos meses los gobernadores han sido contrapesos importantes a las políticas de Trump al negarse a llevar a cabo acciones federales en sus estados. La reelección y llegada de nuevos gobernadores podría reconfigurar la balanza de poder al interior de Estados Unidos.

¿Renegociación o impasse?

Finalmente, la renegociación del TLCAN tiene que tomar en cuenta la implementación y entrada en vigor del mismo. Hasta ahora la mayor parte de las propuestas de Trump no se han reflejado en una política pública o un programa concreto. Su presidencia se ha caracterizado por una centralización del poder federal y un abandono de las burocracias, que siempre habían sido las encargadas de implementar las propuestas y ejecutar los programas federales.  El éxito del TLCAN 2.0 dependerá no solo de las negociaciones y la eventual aprobación del poder legislativo, sino también de las agencias encargadas de regular el comercio y coordinar acciones con sus contrapartes en Canadá y México. La renegociación se encuentra en sus primeros pases pero será vital que los tomadores de decisión mexicanos adopten en la toma de decisiones y el análisis de la situación una visión local estadounidense con el fin de entender la lógica de los políticos estadounidenses, solo así podrán garantizar el avance de los intereses mexicanos en el nuevo TLCAN.

Carlos Galina estudió Relaciones Internacionales en el ITAM. Sus temas de interés son los procesos políticos de Estados Unidos y la relación bilateral con México.