Donald Trump insiste con la construcción de un muro en la frontera entre México y Estados Unidos. Este 21 de junio reveló ante una multitud en Iowa que tuvo una idea “única” que ayudaría a pagar por el muro: la colocación de paneles solares a lo largo de las paredes de esta construcción.

“Estamos pensando en construir el muro como muro solar, de manera que cree energía y se pague por sí mismo. De esta forma, México tendrá que pagar menos”, dijo el mandatario estadounidense a la multitud en Cedar Rapids, Iowa. “Un muro solar. Hace sentido. Ya veremos. Estamos trabajando en eso”. Y finalizó al decir, “muy buena imaginación, ¿cierto? Fue mi idea”.

Si bien es una idea creativa, carece de análisis económico y contradice la postura de la Casa Blanca con respecto a otras políticas, en especial aquellas relacionadas con inversiones en energías renovables. De igual forma, Trump insiste en la construcción de casi 2 mil kilómetros de muro a pesar de no tener claridad en los fondos para su financiamiento ni en la efectividad de éste para detener la migración ilegal. Veamos a detalle las contradicciones de su propuesta.

En primer lugar, no hay evidencia que los paneles solares pagarían por el muro. De acuerdo con el equipo de Donald Trump, el muro tendría un costo total de entre 12 y 15 mil millones de dólares. Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional estima que el muro costaría al menos 21 mil millones, mientras que el comité del Senado encargado de la seguridad en la frontera menciona que el muro necesitaría casi 67 mil millones de dólares del presupuesto americano sólo en construcción.

Según estimados de expertos, agregar paneles solares al muro agregaría hasta 4 mil millones de dólares al costo total del proyecto, mientras que la energía generada sólo tendría un valor de 100 millones de dólares al año. Aun suponiendo que el costo total del muro sea de 15 mil millones de dólares, tomaría 150 años para que la energía generada por los paneles solares pagara la inversión inicial.

En segundo lugar, las declaraciones del mandatario estadounidense se contraponen a su posición con respecto a las energías renovables. De acuerdo a una publicación americana, hasta el mes de junio de este año Donald Trump ha publicado 115 comentarios en Twitter negando que el cambio climático sea real. En 2012 dijo por primera vez que el calentamiento global es un término creado por el gobierno chino para afectar al sector manufacturero estadounidense.

A pesar de que el 97% de los científicos que estudian el clima concuerdan que el calentamiento global existe y que es causado por la actividad humana, el escepticismo de Donald Trump y del ala conservadora del Partido Republicano ya ha tenido impacto en política ambiental. El 1 de junio el Presidente Trump anunció que Estados Unidos saldría del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, además de que previamente ya había cancelado el Plan Climático de Barack Obama que limitaba emisiones en la extracción de crudo, gas, y carbón.

De manera similar, el presupuesto preliminar que Donald Trump envió al Congreso en marzo proponía reducir en 31% el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental y en 6% el del Departamento de Energía, limitando la inversión en energías renovables. De igual forma, propone dar mayor flexibilidad en la emisión de contaminantes a plantas eléctricas que operan con carbón.

Al juzgar por las acciones de la Casa Blanca en tema de cambio climático, queda claro que el Presidente Trump protege industrias que producen energía con tecnologías tradicionales. Sin embargo, sus declaraciones sobre el “muro solar” no concuerdan con esa postura. Por un lado, invertir en paneles solares para el muro se contrapone con su propuesta de reducir inversiones en energías renovables. Por el otro lado, su argumento sobre el “muro solar” implica que producir energía con la luz del sol es un negocio redituable al grado de pagar un monumental proyecto de infraestructura. Si la energía solar es tan redituable, ¿por qué quiere reducir la inversión en esas nuevas tecnologías?

En tercer lugar, no hay evidencia de que un muro cumpliría con el objetivo de contener la migración ilegal en la frontera con México. Actualmente una porción de la frontera con los Estados Unidos ya cuenta con muro o cerca, la mayor parte colindando con Arizona. Un estudio del 2014 que analizó movimientos en la frontera encontró que el muro no ha tenido impacto en reducir la migración humana. Sin embargo, éste ha tenido efectos significativos en la reducción de la población de pumas y coatis, los cuales ven sus rutas naturales obstruidas. Además, el muro ha afectado sistemas acuíferos en la región.

De esta manera, un “muro solar” es una idea que lejanamente ayudaría al medio ambiente. Aunque por un lado la luz solar podría suministrar la energía que de otro modo el muro obtendría de fuentes tradicionales, el efecto en la migración de poblaciones de animales podría alterar el ecosistema en la frontera con los Estados Unidos. Y con todo ello, la migración humana no se afectaría.

De hecho, incluso desde antes de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, ya más mexicanos dejaban la Unión Americana en comparación con aquellos que se mudaban a aquel país. La migración  neta hacia los Estados Unidos ha disminuido desde 2008, llegando a ser negativa en el 2012. Es decir, desde el 2012 hay más mexicanos que regresan a vivir a México que mexicanos mudándose al vecino norte. Washington Post estima que del 2009 al 2014, cerca de un millón de mexicanos regresaron a México mientras que sólo 870 mil se mudaron a la Unión Americana.

En fin, el tema del muro, con o sin paneles solares, es un tema ampliamente debatido y con poca posibilidad de verse implementado en el corto o mediano plazo. Mientras tanto, la Casa Blanca recibió en marzo la primera ronda de propuestas de empresas interesadas en iniciar la construcción. La solicitud requería propuestas considerando que el muro debía ser “agradable a la vista del lado americano” y “suficientemente alto para que sea difícil de escalar”. 

Una vez que la Casa Blanca elija una propuesta y tenga un mejor estimado del costo, la construcción el muro deberá ser aprobada por el Congreso. De ser pagado por los Estados Unidos, un muro con un costo total de 21 mil millones de dólares significaría incrementar el presupuesto anual del Departamento de Seguridad Nacional en un 150%, lo que levantaría serios debates en ambas cámaras del Congreso Americano. Aunque Donald Trump asegura que México pagará por el muro, el Presidente Enrique Peña Nieto ha reiterado en diversas ocasiones que el gobierno mexicano no pagará ni un centavo para la construcción dicha infraestructura.

En este escenario, no es probable que un muro a lo largo de la frontera con los Estados Unidos sea construido. Sin embargo, seguramente seguiremos escuchando a Donald Trump hablar del tema. La constancia del mandatario estadounidense en temas migratorios ya ha sido vista al incrementar las penas a migrantes ilegales y al negociar con la Suprema Corte una versión “light” de la política para prohibir la entrada a musulmanes provenientes de seis países de Medio Oriente y África. Además, el tema del muro sigue siendo un tema popular que causa admiración entre sus seguidores, aquellos que le dieron el triunfo y que aún esperan que Trump cree las oportunidades de empleo que prometió.

Rafael Rivera es estudiante de la maestría conjunta en administración de negocios y administración pública de la Universidad de Harvard.