Cerca de un millón de personas cruza diaria y legalmente la frontera entre los Estados Unidos y México en ambas direcciones. Las razones de estos cruces son inmensamente diversas, pero representan oportunidades concretas económicas y de negocios, ya que las industrias de ambos lados de la frontera se benefician constantemente de una presencia en su clientela que viene “del otro lado”.

Asimismo, representan oportunidades sociales y lúdicas que generan un más amplio sentido de comunidad transfronteriza cuando se va a visitar familiares y amigos del otro lado de la frontera del país en el que uno reside. Más allá de las oportunidades que esto genera, el volumen de cruces apunta a comunidades fronterizas desde Tijuana/San Diego hasta Matamoros/Brownsville que son complejas, fluidas y unidas en muchos aspectos que no dependen de la presencia de una frontera internacional, con o sin muro.

Dada esta inescapable realidad, existen organizaciones locales de ambos lados de la frontera que intentan promover una visión regional en los aspectos de su injerencia. Existen organizaciones dedicadas a promover el desarrollo económico que se han dado cuenta que es más fácil y factible competir por industrias y fuentes de empleo de manera regional, agregando esfuerzos binacionales; así como organizaciones filantrópicas y sociales que reconocen que problemas como la contaminación, la salud pública o la pobreza, afectan indiscriminadamente a mexicanos y estadunidenses y viajan más allá de cualquier frontera.

En el aspecto específico de salud, sabemos que alrededor de 30% de los habitantes de las ciudades fronterizas estadunidenses cruzan la frontera para obtener servicios de salud dada la diferencia y competitividad de precios en servicios farmacéuticos, oftalmológicos, dentales, químicos y de imagenología. De la misma manera, una buena cantidad de pacientes mexicanos cruzan a Estados Unidos para obtener servicios más rápidos y en algunas instancias de mejor calidad. Este tipo de cruces tiene implicaciones reales para la calidad de vida de millones de personas que residen en ciudades fronterizas, y hay organizaciones que intentan promover la colaboración entre instituciones de salud de ambos lados para proveer mejores y más integrados servicios para el beneficio de todos.

Sin embargo, la presidencia de Donald Trump llega como una amenaza frontal a estos esfuerzos y de forma más preocupante a la fluidez y unión de nuestras comunidades fronterizas. Principalmente, la nueva administración trae consigo un sentimiento de incertidumbre, en especial antes de tomar posesión pero incluso ahora que sus decisiones respecto a un posible muro o una menor fluidez de los cruces fronterizos con dirección al norte. Esto hace que organizaciones y compañías dispuestas a invertir en recursos de todo tipo para brindar soluciones a problemas transfronterizos ahora están bastante menos dispuestas a hacerlo.

De la misma manera, esta amenaza regresa ciertos sentires de desconfianza y rencor de ambos lados de la frontera respecto al que está “del otro lado”. Los comentarios del ahora presidente y su efecto mediático ayudan a alejar, en vez de unir. Así como la situación incierta previene la llegada de inversiones, este renacimiento de desconfianzas ahuyenta la voluntad de actores que previamente estaban dispuestos a colaborar en asuntos transfronterizos tan importantes como la salud pública.

En términos prácticos, bien puede ser que ciertas medidas que la administración Trump decida llevar a cabo en nombre de mayor seguridad nacional en la frontera puedan llevar a una menor fluidez de las comunidades fronterizas, reflejada en líneas y esperas más largas durante el cruce, un factor que si bien parece trivial para los que no vivimos en estas zonas, es de esencial importancia para el día a día de millones de mexicanos y americanos que cruzan la frontera diariamente.

Del lado estadunidense de la frontera, ya hay ciertas respuestas. En el caso específico de la salud hay compañías aseguradoras, como el caso de SIMNSA en California, así como organizaciones no-gubernamentales y sin fines de lucro como The Medical Center for the Americas en El Paso, Texas que están dispuestas a colaborar con sus contrapartes del lado mexicano independientemente de las políticas que impulse Trump. Asimismo, del lado político, hay actores como el congresista demócrata Beto O’Rourke, representante de El Paso, que entiende lo importante que es luchar por esta unidad y fluidez de nuestras comunidades fronterizas, especialmente en tiempos de crisis como el nuestro. Por eso, entre otras razones, es que está decidiendo retar al senador texano Ted Cruz, republicano y comparsa de Trump.

Por nuestra parte, cabe llamar y demandar de nuestros líderes políticos que representan a dichas comunidades en gobiernos municipales, locales y federales que cuenten con una estrategia inteligente, permanente y duradera para hacerle frente a lo que se ve venir, y apostarle a una integración regional más allá de las fronteras. Las vidas de muchos dependen de ello.

Jesús Reyes Ruiz es originario de Guadalupe, Zacatecas, México. Se graduó con honores del Bachelor of Arts en Ciencias Políticas de la Universidad de California, Berkeley y es estudiante de la maestría de políticas públicas de la Harvard Kennedy School.