Los mexicanos en Estados Unidos o mexicoamericanos son generalmente percibidos como inmigrantes ilegales y por lo tanto se construyen negativamente en el imaginario colectivo de la sociedad estadounidense. Como Short & Magaña (2002) y Aguirre Jr. et al. (2011) señalan, en el imaginario norteamericano, si un inmigrante mexicano ha llegado ilegalmente a Estados Unidos, el inmigrante ya se ha involucrado en un comportamiento criminal. Por lo tanto, los inmigrantes mexicanos son propensos a cometer crímenes en EE.UU.12 Esta representación de la identidad mexicana por los medios de comunicación y políticos norteamericanos promueve una narrativa de una amenaza mexicana en la mente del público estadunidense.

La narrativa negativa de los mexicanos se ha exacerbado desde los primeros minutos del discurso de Donald Trump en junio de 2015, cuando anunció su candidatura presidencial  por el partido republicano: “Cuando México envía a su gente, no están enviando lo mejor. […] Están enviando gente que tiene muchos problemas, y nos traen esos problemas. Traen drogas. Traen delincuencia”. Desde ese día hasta hoy como presidente de EE.UU., Trump ha intensificado su discurso en una historia simplista y divisiva de los mexicanos en Estados Unidos, al punto de que todavía afirma que México va a pagar por un muro a lo largo de la frontera sur para mantener a los “bad hombres” afuera. Aunque los mexicanos no han sido los únicos aludidos en su retórica negativa, ellos fueron uno de los temas recurrentes durante su discurso.

Para muchos mexicanoamericanos, la etiqueta de criminales que les pone Trump no es algo nuevo. Históricamente, los mexicanos en Estados Unidos han tenido una relación complicada con la sociedad estadunidense, donde en tiempos ha habido colaboración y aceptación, pero en otros tiempos ha habido rechazo y persecución. Hay una larga historia de desafíos que los inmigrantes y los estadunidenses de ascendencia mexicana han enfrentado para encontrar un lugar en la sociedad estadunidense. La narrativa de los mexicanos en los Estados Unidos es un ejemplo de lo que la novelista Chimamanda Ngozi Adichie describe como el peligro de una sola historia. Es decir, esto es lo que sucede cuando se repite la misma historia simplista (generalmente negativa) acerca de un pueblo y logra influir en los receptores del mensaje, sin conocimiento inmediato del tema, para formular o adoptar prejuicios y malentendidos que terminan generando división o rechazo.

Varios elementos juegan un papel importante en la demonización de los mexicanos, como la cobertura mediática sesgada, la ignorancia, o la frustración económica, por ejemplo. Sin embargo, una de las principales razones por las que se ha mantenido una narrativa negativa respecto a los mexicanos es el oportunismo político. La teoría de la construcción social explicada por Short & Magaña (2002) se refiere a cómo grupos específicos dentro de una sociedad son caracterizados y percibidos por la cultura en general.3 Estas caracterizaciones funcionan como estereotipos sociales y pueden tener asociaciones positivas o negativas. Las construcciones sociales son dinámicas ya que fluctúan con el temperamento colectivo. Esto ayuda a explicar por qué algunos grupos de interés obtienen mejores recursos y la atención de sus gobiernos, mientras que otros grupos son chivos expiatorios para los problemas sociales. Según los constructivistas sociales, las poblaciones inmigrantes que no tienen legalmente derecho a votar son propensas a convertirse en blanco de acusaciones negativas por parte de los políticos, porque tienen poco o ningún poder político.4 Por lo tanto, bajo la óptica de la teoría de la construcción social, es razonable y en muchos casos ventajoso para los políticos construir una narrativa negativa sobre inmigrantes indocumentados y culparlos por los problemas de la sociedad sin el costo de perder potenciales votantes o evitar la rendición de cuentas por un gobierno deficiente. La construcción social negativa de los mexicanos por los políticos estadounidenses ayuda a explicar la campaña presidencial de 2016.

La caracterización de los mexicanos por Donald Trump y muchos de sus seguidores es ofensiva y errónea. La evidencia muestra que los mexicanos tienen índices de encarcelamiento mucho más bajos que los estadunidenses. En los últimos 25 años, el aumento de la inmigración no autorizada se ha asociado con la disminución de las tasas de criminalidad en las ciudades estadunidenses, y en el peor de los casos, no hay correlación entre los inmigrantes y los delitos violentos. Mientras que las tasas de delincuencia en la segunda o tercera generación de inmigrantes aumentan, la evidencia aún muestra que los criminales violentos de Estados Unidos son mucho más propensos a ser de casa que importados. Asimismo, una revisión de la concentración geográfica de los partidarios de Trump durante la campaña indicó una correlación negativa entre el número de sus partidarios y el tamaño de la población de los inmigrantes mexicanos. Igualmente, hubo una correlación negativa entre los partidarios de Trump y presencia de competencia en importaciones de México o China.5 Estas cifras también indican que la narrativa de Trump contra los mexicanos resonó más fuerte en las regiones estancadas económicamente que contenían altas concentraciones de pobreza blanca, altas tasas de desempleo y bajos ingresos medios.6 Una vez más se confirma cómo los inmigrantes mexicanos fueron un blanco común para servir intereses políticos.

Hay varias organizaciones en los Estados Unidos que protegen e impulsan los derechos políticos de los inmigrantes mexicanos. Por ejemplo, la “Red Mexicana de Líderes y Organizaciones Migrantes” ha estado trabajando intensamente para ampliar los derechos políticos de los inmigrantes. Esta organización ayuda a los inmigrantes a obtener una credencial electoral mexicana, incluso si están fuera del país para que puedan influir en las elecciones de México y se promueva la discusión de políticas públicas para los mexicanos en Estados Unidos. También han construido redes nacionales de defensa durante las últimas elecciones presidenciales americanas para aumentar el registro de votantes y la participación de mexicoamericanos. Los mexicanos en los Estados Unidos exigen cada vez más reconocimiento político, no sólo en México, sino también en la sociedad estadunidense. Desde una perspectiva de la teoría de la construcción social, sólo podemos esperar que cuan mayores sean sus derechos políticos, más problemático será para los políticos marginar a los inmigrantes mexicanos a través de una historia negativa simplista.

Cambiar los derechos políticos y civiles no es un proceso rápido o fácil. Algunas personas pueden argumentar que la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es un reflejo del fracaso de estos esfuerzos promexicanos y una resistencia a algunos de los derechos que han adquirido. Sin embargo, algunos expertos en la materia hoy en día son optimistas sobre el progreso y perspectivas de los inmigrantes latinos. Hay casi 34 millones de inmigrantes mexicanos o mexicanoamericanos, casi dos tercios de los 54 millones de latinos que ahora representan el 17 por ciento de la población de los Estados Unidos. En los últimos años los mexicanoamericanos y otros latinos se han unido en una identidad subnacional emergente que está lista para convertirse en una fuerza decisiva en la política estadunidense. Los datos demográficos son indiscutibles: el 93 por ciento de los latinos menores de 18 años en 2014 eran ciudadanos estadunidenses, por lo que cada mes más de 73,000 latinos alcanzan edad suficiente para votar.

Los mexicanos en los Estados Unidos cargan con la etiqueta simplista de ser criminales e ilegales. Uno de los principales determinantes de esta narrativa es la construcción social de los mexicanos realizada por los políticos estadunidenses para servir sus intereses. Esto lo explotó en gran parte Donald Trump durante su campaña presidencial. Sin embargo, a pesar de que los mexicanos en los Estados Unidos están seriamente amenazados bajo el gobierno de Trump, las tendencias demográficas y la acción política efectiva de las organizaciones mexicanoamericanas son razones para creer que una historia más favorable y precisa sobre los mexicanos en los Estados Unidos es concebible en los años venideros.

Fidel Méndez Florián cursa la maestría en Administración Pública en Desarrollo Internacional en la Kennedy School de la Universidad de Harvard. Anteriormente, trabajó en la Secretaría de Educación Pública y también se desempeñó como consultor en Fundación IDEA y C230 Consultores en proyectos de política pública.


1 Robert Short & Lisa Magaña (2002) Political Rhetoric, Immigration Attitudes, and Contemporary Prejudice: A Mexican American Dilemma, The Journal of Social Psychology, 142:6, 701-712, DOI: 10.1080/00224540209603930.
2 Adalberto Aguirre Jr., Edgar Rodriguez & Jennifer K. Simmers (2011) The cultural production of Mexican identity in the United States: an examination of the Mexican threat narrative, Social Identities, 17:5, 695-707, DOI: 10.1080/13504630.2011.595209.
3 Robert Short & Lisa Magaña (2002). Political Rhetoric, Immigration Attitudes, and Contemporary Prejudice: A Mexican American Dilemma, The Journal of Social Psychology, 142:6, 701-712, DOI: 10.1080/00224540209603930.
4 Íbid.
5 Hinojosa, R., Wynn, M. & Chen, Z. (2016). Donald Trump’s False Narrative on Mexican Migration and Trade: A Geopolitical Economic Analysis. UCLA NAID Center.
6 Íbid.